022 - NADIE HAY TAN GRANDE

021 - SANTA MARÍA DEL CAMINO

58 - ORACIÓN DE LA MISERICORDIA

Señor Jesucristo,
tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo,
y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.
Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.
Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo
y a Mateo de la esclavitud del dinero;
a la adúltera y a la Magdalena
del buscar la felicidad solamente en una creatura;
hizo llorar a Pedro luego de la traición,
y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.
Haz que cada uno de nosotros escuche como propia
la palabra que dijiste a la samaritana:
¡Si conocieras el don de Dios!
Tú eres el rostro visible del Padre invisible, del Dios que manifiesta su omnipotencia
sobre todo con el perdón y la misericordia:
haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti,
su Señor, resucitado y glorioso.
Tú has querido que también tus ministros
fueran revestidos de debilidad
para que sientan sincera compasión
por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:
haz que quien se acerque a uno de ellos
se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.
Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción
para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor
y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo,
llevar la Buena Nueva a los pobres
proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos
y restituir la vista a los ciegos.
Te lo pedimos por intercesión de María,
Madre de la Misericordia,
a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.

24 - TARDE TE HE AMADO

Tarde te he amado, Belleza siempre antigua
y siempre nueva. Tarde te he amado.
Y, he aquí que tú estabas dentro y yo fuera.
Y te buscaba fuera. Desorientado, iba corriendo
tras esas formas de belleza que tú habías creado.
Tú estabas conmigo, y yo no estaba contigo
cuando esas cosas me retenían lejos de ti,
cosas cuyo único ser era estar en ti.
Me llamaste, me gritaste e irrumpiste a través de mi sordera.
Brillaste, resplandeciste y acabaste con mi ceguera.
Te hiciste todo fragancia, y yo aspiré y suspiré por ti.
Te saboreé, y ahora tengo hambre y sed de ti.
Me tocaste, y ahora deseo tu abrazo ardientemente.
(San Agustín)

02 - MISIÓN

Jesús, tú que has dicho:
Dejad que los niños se acerque a mí,
que me has inspirado el deseo de conducirlos a ti,
bendice mi vocación,
ayúdame en mis trabajos,
y derrama sobre mí
el espíritu de fortaleza,
de caridad y de humildad,
para que nada pueda apartarme de tu servicio.

01 - DIVINA PROVIDENCIA

"Providencia de mi Dios,
oh madre que tantas veces he invocado
y a quien he ofrecido, consagrado, entregado esta casa
y cuantos ha reunido en ella tu gracia.

Providencia siempre buena,
tan sabia, tan llena de piedad y amor
para con tus pobres criaturas,
te adoramos, te bendecimos,
nos abandonamos en tus manos sin recerva.

Haz de nosotros todo lo que quieras.
Sólo deseamos cumplir tu voluntad en todo:
en las humillaciones y en las grandezas,
en la pobreza y en la riqueza,
en la salud y en la enfermedad,
en la vida y en la muerte.

Providencia de mi Dios, vela sobre tus hijos,
afiánzanos, dirígenos.
Sé Tú nuestra defensa,
nuestra guía, nuestro consuelo,
nuestra alegría y nuestra esperanza.
¡Dios Sólo en el tiempo!
¡Dios Sólo en la eternidad!
¡Dios Sólo en el día de hoy,
en todo y en cada cosa!
¡Dios Sólo!

23 - QUÉDATE JUNTO A MÍ

Señor Jesús,
de mi cuerpo gastado, sé tú el fortalecedor.
De la noche que cae, sé tú la luz.
De mis sufrimientos, sé tú el consuelo.
De mis faltas pasadas, sé tú el perdón.
De mi soledad, sé tú el compañero.
De mis rebeldías interiores, sé tú la esperanza.
De mi fe, sé tú la fuente.
De mi amor, sé tú el fuego.
De mis insomnios, sé tú la Presencia.
De mi sonrisa, sé tú la dulzura.
De mis encuentros, sé tú la Palabra.
De mis oraciones, sé tú el Bien Amado.
Señor, yo creo que tú eres la Vida
y que has vencido a la muerte.
Ven a llamar a mi puerta.
El día declina y se hace tarde...
¡Quédate junto a mí!

22 - ME ENTREGO A TI, SEÑOR

Señor, Jesús,
te doy mis manos para hacer tu obra.
Te doy mis pies para andar tu camino.
Te doy mis ojos para mirar y ver como Tú miras y ves.
Te doy mi boca para decir tus palabras.
Te doy mi mente para que puedas pensar a través de mí.
Te doy mi espíritu para que puedas orar en mí.
Sobre todo, te doy mi corazón, para que puedas amar en mí
al Padre y a toda la humanidad.
Te doy mi persona, para que puedas crecer en mí,
de manera que seas Tú, Jesús, nuestro Señor,
quien viva y actúe y ore en mí.
Entrego a tu cuidado, Señor y hermano mío,
mi alma y mi cuerpo,
mis oraciones y mis esperanzas,
mi salud y mi trabajo,
mi vida y mi muerte,
mis padres y mi familia,
mis amigos y mis vecinos,
mi país y la humanidad entera,
hoy y siempre. Amén

21 - IMAGEN DE JESUCRISTO

Señor, que puedas encontrar en nosotros
todas las perfecciones de tu Hijo,
que seamos,
en la medida que lo permita la debilidad humana,
revestidos de Jesucristo,
que sigamos a Cristo en todos sus caminos,
que juzguemos todas las cosas como él las juzga,
que amemos lo que él ama,
que despreciemos lo que él desprecia,
en una palabra,
que todos nuestros pensamientos
sean conformes a sus pensamientos
y que seamos su imagen viva.

20 - ORACIÓN DEL EDUCADOR

Padre bueno,
quisiera que ensancharas mi alma
hasta el extremo de poder acoger
y educar a esos hijos tuyos
con aquel amor que nos mostraste a través de Jesús
y con aquella ternura que Él mostró hacia los niños.
Cuando se acercan a mí me siento estremecido.
Sus miradas, sus preguntas,
sus inquietudes y deseos son el estímulo más fuerte
para vivir ilusionado esta misión de educar.
Padre bueno,
a pesar de que es una misión difícil,
a pesar del cansancio
y el esfuerzo de comenzar de nuevo
ayúdame a descubrir cada día
la hermosa tarea de ayudar a crecer
a los niños y jóvenes
que tú pones en nuestras manos.

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